Las natas y espumas proceden de los restos de tensioactivos empleados tanto en el hogar, procedente de los productos de limpieza, como en otros procesos industriales: mataderos, curtidurías, papeleras, etc.
Estas sustancias disminuyen la tensión superficial del agua, lo que favorece la formación de burbujas y su estabilidad, de forma que las burbujas, que no son más que pequeñas esferas de aire rodeadas por una fina capa acuosa, no se rompen y forman una espesa capa sobre la superficie del agua.
Las espumas y natas disminuyen la cantidad de oxígeno disuelta en el agua:
Impiden el paso de la luz. Al formar una capa gruesa en la superficie del agua no permite el paso de la luz, por lo que no se produce la fotosístesis y desaparece el fitoplancton y las algas. Esto destruye la base de la cadena trófica y la cantidad de oxígeno disponible.
El movimiento de la superficie del agua permite la disolución del oxígeno atmosférico en el agua, oxígeno que permite respirar a la fauna micro y macroscópica acuática. Las espumas no permiten adecuadamente este movimiento.
La falta de oxígeno disuelto disminuye la actividad bacteriana del agua, por lo que baja el poder autodepurardor de los ríos, que puede llegar a desaparecer. Junto a los problemas derivados de la ausencia de oxígeno, la presencia de natas y espumas en las aguas interfiere en la floculación y sedimentación que se realizan en las estaciones depuradoras, dificultando el tratamiento de las aguas para su consumo.